Ser mujer en un país feminicida es traer la sentencia de muerte en la frente
26 años después, los feminicidios no cesan en Ciudad Juárez
Esta ola de sangre es catalogada alarmante, ya que se siguen registrando asesinatos en contra del considerado sexo débil
Samantha Anaya & Sabina E. Navarro
Miércoles 6 de marzo, 2019
Guadalajara, Jalisco, México
La violencia ejercida hacia las
mujeres se ha presenciado desde épocas pasadas, es actual y va en aumento. Ciudad
Juárez es una clara prueba de ello. Este fenómeno se hace presente en cada
esquina del país, pero aquí, la brutalidad ocasiona que se convierta
en una de las ciudades más peligrosas e inseguras del país. La falta de
impunidad hacia los agresores por parte de las autoridades ha orillado a los
padres de las víctimas a tomar cartas en el asunto, realizando diversas
búsquedas en el desierto y lugares aledaños de la urbe con el fin de encontrar
alguna señal de sus hijas. Con el paso de los años, la crueldad ejercida en los
cuerpos de las víctimas fue cada vez más grave.
Alma Chavira Farel, de 13 años de edad, fue encontrada el 23 de enero de
1993, después de ser atacada sexualmente y estrangulada. Con ella comenzó el
horror llamado feminicidio. Meses más tarde, en Lote Bravo, Chihuahua, se
encontró el cuerpo de Gladys Janeth Fierro, de tan sólo 12 años de edad.
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| Fotografía tomada por: Leonor Suárez. |
El acuerdo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)
entró en vigor el 1 de enero de 1994, gestionando diversas cadenas de producción,
entre ellas fábricas y maquiladoras que, principalmente, contrataban mujeres de
entre 14 y 32 años de edad; estas provenían de familias indígenas o migrantes,
de Estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas, que no contaban con recursos
suficientes para solventar los impuestos establecidos por el gobierno a raíz de
la crisis económica que vivió México en ese mismo año. A Juárez, llegaban miles
de personas con la esperanza de encontrar una mejor calidad de vida o
persiguiendo el ¨sueño americano¨. Al no poder cruzar la frontera, sus planes
se nublaban y para sobrevivir tenían que buscar un empleo que cubriera sus
necesidades.
La llegada de maquiladoras a la ciudad supuso un aumento en la independencia femenina. Esto desestabiliza la estructura de género en una sociedad patriarcal, lo cual resulta en un fenómeno social. Al ver que su papel se ha transformado, los hombres comienzan a sentirse frustrados y se evidencia en los actos de violencia hacia la mujer, con el fin de mantener el control y la dominación. No se considera este cambio en la estructura social la causa del feminicidio, pero si un elemento contextual que lo puede explicar. De igual manera, el contexto social de impunidad y la falta de práctica de la ley da como resultado lo que el sociólogo francés Emile Durkheim llamó anomia, que es carecer de un concepto claro de qué es una conducta apropiada y cuál no lo es. Al no haber consecuencias legales y penales, se genera un clima de impunidad que refuerza la anomia social y degenera hasta el punto de ver la violación y el asesinato de mujeres como algo completamente natural. Como si fuera poco, las condiciones de trabajo son deplorables. Además de ganar salarios ínfimos, las jornadas laborales se prolongan varias horas y el descanso es mínimo, por lo que terminan a altas horas de la noche, lo que las vuelve víctimas de alto perfil. Si estas industrias no les ofrecen un salario digno, de ninguna manera invertirán en seguridad y transporte para sus empleadas.
Para septiembre de 1995 se
encontró el cuerpo de Silvia Rivera en el mismo terreno, el cual era propiedad
de diferentes familias poderosas. Además de mostrar evidencia de violación y
estrangulación, les fue cercenado el
seno derecho y el izquierdo extraído a mordidas. En marzo de 1998, en Lomas de Poleo, después
de varios días de estar desaparecida, fue encontrada Sagrario González de 17
años, violada, estrangulada y acuchillada. Lote Bravo se convirtió en un cementerio clandestino de mujeres.
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| Fotografía tomada por: Jesus Alcazar. |
A lo largo de la década de los noventa, surgieron diversas organizaciones
no gubernamentales (ONG) creadas por padres, mujeres y familiares de las
víctimas. Luchaban por denunciar, prevenir el feminicidio y la violencia de
género en esta localidad y en el resto del país; trabajaban para demostrar la
existencia de patrones de asesinato, desechando las versiones del gobierno,
quienes aseguraban que se trataba de, simplemente, violencia intrafamiliar.
Ejemplo de estas sería la protesta escrita ¨Nuestras hijas de regreso a casa¨
fundada por Marisela Ortiz y Norma Andrade, lo que las volvió objetivo de
numerosas amenazas, viéndose obligadas a pedir asilo en los Estados
Unidos.
| Escrito por Mony Delgado. |
Desde los primeros
hallazgos de cuerpos y osamentas, hasta 2008, este fenómeno se ha escuchado a
nivel internacional; el problema está presente en todos los estados de la
república, pero los de Ciudad Juárez son particularmente diferentes. De acuerdo
con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la
Fiscalía General de Chihuahua, hasta 2018 sumaban mil 779 mujeres víctimas de
homicidio doloso en Ciudad y Valle de Juárez. Esto nos sitúa completamente en
un escenario de terror. Tal ha sido la gravedad de los hechos, que
alrededor del mundo han existido músicos, escritores, directores,
periodistas, fotógrafos activistas, ilustradores, poetas etc., que
se han valido de su plataforma y habilidades para difundir un mensaje de
conciencia y responsabilidad colectiva, dirigido no solamente a la población
mexicana, sino también a personas de todo el mundo.
Las mujeres en
Juárez son asesinadas sin el más mínimo remordimiento y nadie recibe ningún
tipo de castigo. Esta situación nos habla de un claro problema social. El
poder del que gozan los gobernantes es ejercido incorrectamente y las
consecuencias de esto marcan pautas que hunden al país. Estamos acostumbrados a
vivir en un ambiente de violencia e inseguridad, coaccionados por el silencio,
el cual difumina los gritos de auxilio en el desierto sin que nadie se entere
de nada. La sangre que Juárez ha derramado a lo largo de estas dos últimas
décadas es resultado de una cultura de indiferencia, que comienza desde la
falta de regulación de las acciones penales, hasta la educación seglar y la
formación de valores en el hogar. Esta es nuestra realidad. En nuestro
país, la delincuencia se sigue haciendo presente gracias a la carencia de una
política criminal y objetiva. Los gobiernos van y vienen y a pesar de todas las
estrategias que han implementado para combatir la inseguridad, los asesinatos y
la violencia parecen solamente incrementar sus cifras. Los números NO mienten. No se nace maltratador ni se nace machista, estos
factores se aprenden por imitación. El número de asesinatos contra las
mujeres en nuestro país es una trágica y deplorable situación. Las vidas
de madres, hijas, hermanas y amigas seguirán en peligro. Ignorar este
problema no lo hará desaparecer.
¡DESPERTEMOS!


